La espondilosis se produce como consecuencia de complicados mecanismos de reparación en el cuerpo: mientras que los discos invertebrales en estado sano actúan como amortiguadores entre cada uno de los cuerpos vertebrales y absorben las sacudidas, con el paso de los años su elasticidad se ve perjudicada debido al desgaste provocado por la edad o a una tensión continua. El cuerpo intenta compensar la pérdida y descargar las zonas afectadas lo más rápido posible. Para eso, en el caso de una espondilosis, los ligamentos y los discos invertebrales se debilitan por una parte y por otra, las estructuras óseas vuelven a formarse en los cuerpos vertebrales.
La espondilosis causa la rigidez de la columna vertebral
En este proceso de transformación, las vértebras aumentan en sustancia ósea. En la columna vertebral se forman osteofitos de distintos tamaños que pueden provocar la rigidez de los cuerpos vertebrales inmediatos. Esto significa que la columna vertebral deja de ser elástica en esta zona, pero se mantiene estable y protegida de una hernia discal. No obstante, la espondilosis también puede ejercer presión en las raíces nerviosas vecinas, de modo que determinados grupos musculares ya no pueden controlarse.
El entrenamiento periódico previene la espondilosis
La espondilosis puede aparecer en cada zona de movimiento de la columna vertebral. Sin embargo, las zonas de las vértebras cervicales inferiores y de las vértebras lumbares son las más afectadas, ya que son las que reciben la mayoría de la carga. Dependiendo del tamaño de la espondilosis aparecen limitaciones de la movilidad y dolores. Si se quiere prevenir la enfermedad o evitar que avance, tras consultar con el médico deben practicarse periódicamente deportes de mantenimiento como nadar, correr, montar en bici o practicar gimnasia estabilizadora.