El trastorno del desarrollo de la cadera es una de las malformaciones congénitas del esqueleto más frecuentes. En Alemania se diagnostica en un dos a un cuatro por ciento de todos los recién nacidos.
Desde que se introdujo el diagnóstico con ultrasonidos, se puede detectar una displasia de cadera justo después del parto, durante el segundo o tercer reconocimiento. Los padres pueden reconocer la enfermedad al ponerle los pañales al bebé, ya que sus piernas se abren de forma diferente.
En el caso de una displasia de cadera, el acetábulo no se ha desarrollado correctamente. El techo acetabular de la articulación es demasiado plano y no puede abarcar la cabeza del fémur apropiadamente, ya que ésta no encuentra un apoyo. En el caso más grave, la llamada luxación de cadera, la cabeza femoral se sale del acetábulo.
Tratamiento precoz de la displasia de cadera
Si se reconoce a tiempo, la displasia de cadera puede curarse rápida y completamente. Sin embargo, el tratamiento debe empezar lo antes posible. Dependiendo de la gravedad, como medida terapéutica se ofrece, entre otras, la férula Tübingen para la flexión de cadera.
El objetivo es mantener las piernas en el acetábulo con la máxima estabilidad y durante el mayor tiempo posible. La postura óptima de la cadera es la llamada “posición en cuclillas”. Esta posición, que el niño adopta en el vientre de la madre antes de nacer, se simula con la férula Tübingen. Sin restringir el pataleo natural del niño más allá de lo necesario, la cadera puede seguir desarrollándose con las mismas condiciones favorables que en el vientre materno.